Nota del autor: Para facilitar la lectura, los acontecimientos narrados en esta parte de la obra se desarrollan entre el 15 y el 16 de Nisán del calendario hebreo. En nuestro calendario moderno, esto equivale al viernes 3 y sábado 4 de abril del año 33 de nuestra era.
15 de Nisán. La luz dorada del atardecer se filtraba rasante por las altas celosías de la sala de piedra, estirando las sombras de los magistrados sobre los muros y atrapando el calor asfixiante del día jerosolimitano. El Sanedrín, despojado de sus miembros más moderados por orden directa del sumo sacerdote, era ahora un tribunal de sombras. José de Arimatea y los maestros fariseos no habían sido convocados; una conveniente y calculada exclusión aseguraba la obediencia de los presentes. Al centro de la asamblea, Caifás se puso en pie. Dio un golpe seco sobre la mesa de madera tallada y clavó su mirada en los magistrados.
—¿Es que no ven la velocidad con la que avanza este veneno? —expuso Caifás, con una voz cortante que silenció los murmullos—. Esto ya no es el delirio de unos cuantos pescadores en el mar de Galilea. Esta doctrina se está expandiendo por las calles de Jerusalén como el fuego en la paja seca. Si no tomamos una determinación drástica y definitiva esta misma noche, perderemos el control de la Ciudad del Templo. Mi deber, y el de este consejo, es extirpar esta secta antes de que el sol despunte.
Desde el ala opuesta, un anciano consejero saduceo, curtido en décadas de negociaciones con el Pretorio, se levantó lentamente. Su objeción no nacía de la piedad, sino del pragmatismo político.
—Te equivocas en tu prisa, Caifás, y el pánico te ciega —replicó el consejero, alzando la voz—. No temo a las palabras de ese galileo, temo a lo que el pueblo hará con su ausencia. Si forzamos una condena apresurada y Pilato lo cuelga en la cruz, ¿qué pasará cuando muera? Sus seguidores reclamarán el cadáver. Llevarán sus restos a un sepulcro y la plebe convertirá esa tumba en un santuario para rebeldes. Estarás matando a un agitador, pero vas a parir una mitología indomable. Un mito alimentado por la memoria volátil de la chusma.